maeloCinema, blog by Red Stovall

en la oscuridad de una sala de cine nos encontraremos en otros lugares, otras historias, otros sueños...

lunes, enero 30, 2006

'Memorias de una Geisha', un Marshall académicamente frío

Soy de los que consideran 'Chicago' una obra maestra absoluta, total y definitiva, que ganó un merecido Oscar a la mejor película, aunque aquel año Roman Polanski le robó un merecido premio a Rob Marshall. Asi que la siguiente película que hiciera este director sería del interés de todo cinéfilo. Y ha sido esta 'Memorias de una Geisha', que Marshall ha dirigido después de que su productor, ese genio del cine de nombre Steven Spielberg, la tuviera varios años en su cartera de películas a dirigir, y que como todos sabemos, acabó realizando otros proyectos, infinitamente más interesantes y superiores.

Basada en el bestseller de Arthur Golden y de idéntico título, narra la odisea de Chiyo, una joven, que de pequeña fue separada de sus padres, primero, y de su hermana, después. Trabajando como limpiadora e una casa de geishas, irá creciendo, y con el tiempo se convertirá en una de ella, mientras se enamora de un hombre, y despierta la envidia de alguna competidora.

A grandísimos rasgos, ésta es la historia de la película, aunque me imagino que también a grandísimos rasgos han debido de coger la historia del libro, en el que me imagino que debe de haber muchísimas cosas más. Porque si algo llama la atención del film, es que su historia es demasiado simple, y durante casi dos horas y media, no hay el más mínimo rasgo de complicación, el guión sigue una línea continua sin ninguna bifurcación, intentando hacer de la sencillez algo a su favor; pero convirtiéndose, lógicamente en algo que juega en contra de la película.

Una película que en muchos aspectos nos recuerda a grandes superproducciones de Hollywood, en las que se contaban las mismas cosas. La dirección artística es ejemplar, reconstruyendo a la perfección Kyoto, lugar donde se desarrolla la mayor parte de la acción. La fotografía, de Dion Beebe, es soberbia, esplendorosa, y muy posiblemente se lleve un Oscar (atención al primer baile de la geisha Sayuri, una escena impresionante) . Como probablemente se lo lleve también John Williams, que apoyado por Itzhak Perlman al violín, y por YoYoma al cello, ha creado un score extraordinario de una belleza sin igual (por cierto, su trabajo para 'Munich' es igualmente magnífico). El montaje de Pietro Scalia logra que su duración no le pese al espectador, dotando de ritmo a toda la película, la cual se sigue sin que asome el aburrimiento.

Los actores están todos muy bien, sobre todo su trío de protagonistas, empezando por la elegante Michelle Yeoh, con un gran carisma. Gong Li, que a parte de cachonda, está sensacional como la malvada de la función. Y la bellísima Zhang Ziyi en el papel principal, haciendo creíble la transformación de su personaje. El contrapunto masculino lo aporta Ken Watanabe, de gran serenidad en esta película.

Y Rob Marshall combina todos esos elementos, que prácticamente le vienen dados, con profesionalidad. Entonces ¿qué es lo que falla en la película? ¿Por qué no estamos ante un gran film? Muy sencillo: la película no tiene alma, no emociona; y eso es en parte por dos cosas. Primero, por el esquematismo de su guión, incapaz de alterarse para sorprender al espectador, u ofrecer momentos fuertes, por no hablar de que la resolución del film es muy, pero que muy simplona, y hecha a la buena de Dios. Y segundo, porque Marshall, en un intento de parecer oriental, ha dotado al film de una frialdad excesiva, sin darse cuenta de que los orientales no son fríos, si no que tienen una forma especial de contener las emociones, algo que los occidentales no entendemos muchas veces.

Habrá que esperar al siguiente film de Marshall, para saber si es o no un gran director. Correcta.

1 Comments:

At 1:45 a. m., Anonymous Darthz said...

Yo ya hice una crítica en mi blog, y lo que más me resalta de esta peli es el romanticismo con el que está llevado el tema, es buena.

 

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